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-Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar- V. Qué tiene que hacer el pueblo |
| 26 de junio de 2006 |
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La guerra preventiva yanqui contra Irán podría llevar a la muerte y destrucción en una enorme escala, aunque quede dentro de las fronteras del mismo Irán. La determinación yanqui de reestructurar el Medio Oriente y las necesidades que le compelen tienen al mundo sobre aviso. Los halcones ya aprovechan cada oportunidad para hacer preparativos políticos y militares. Los pueblos del mundo y sus organizaciones políticas, entre ellas los maoístas, también necesitan comenzar a prepararse políticamente ya. Una gran parte de esos preparativos es tener claridad y luchar por una orientación correcta. Eso quiere decir una orientación que, por reflejar la realidad y los intereses de los pueblos del mundo, puede unir a todos los que se puede unir para defender esos intereses en medio de lo que indudablemente será una situación política complicada y confusa. Aquí abordaremos dos importantes temas: cómo valorar el peligro de una nueva guerra y cómo determinar quiénes son los amigos y quiénes los enemigos en la oposición a esa guerra. ¿Es real el peligro de una nueva guerra? ¿Es inevitable? Un gran obstáculo en el movimiento contra la guerra es una tendencia a subestimar o negar el peligro de la intervención yanqui en Irán. Es cierto que Estados Unidos está empantanado en Irak y Afganistán y que confronta otros obstáculos a una nueva guerra, como esta serie ha tratado de explicar. Pero sería una gran equivocación convertir en un absoluto esas debilidades. La determinación de la clase dominante norteamericana de extender y afianzar su dominación del mundo puede impelerla a correr lo que considere los necesarios riesgos. Tiene cierto margen de maniobra, que es lo que está haciendo ahora, por ejemplo, por medio de la diplomacia no apunta a evitar la guerra sino que busca atenuar la oposición del pueblo y de las grandes potencias. Es importante reconocer la desesperación y por tanto la crueldad del imperialismo yanqui y su comprobada disposición a masacrar a cuanta gente que considere necesario. Otra idea errónea al parecer contraria pero muy relacionada es apanicarse de cara a la amenaza yanqui y argumentar que nada se puede hacer para detener otra guerra. Se puede argumentar, por ejemplo, que el movimiento contra la guerra no impidió la invasión yanqui de Irak en 2003. Pero, como señaló entonces un artículo del 14 de abril de 2003 del SNUMQG : "La violación de Estados Unidos a Irak demostró una vez más que 'el poder político nace del fusil'. Pero la opinión pública internacional sí importa y puede contribuir a transformar la situación de guerra. Durante la guerra de Vietnam, un poderoso movimiento en todo el mundo y en el propio Estados Unidos fue un elemento vital que contribuyó a causar la derrota de los imperialistas estadounidenses. "En casi todos los países la opinión pública estuvo casi unánimemente contra los invasores yanquis y británicos. Toda la región ardía de odio antiyanqui. Bajo la presión del movimiento de masas y para proteger sus propios intereses imperialistas, incluso algunos aliados tradicionales del gobierno yanqui, tales como Francia y Alemania, se opusieron a la guerra. Estos factores se hubieran podido convertir más y más en una dificultad para Estados Unidos entre más se prolongara la guerra". El desarrollo de un movimiento contra la guerra y la manera en que se compenetrara con el desenvolvimiento de las otras contradicciones en el mundo no se pueden predecir de antemano. Cuando el movimiento mundial contra la guerra sin precedente irrumpió en la escena internacional a comienzos de 2003, sorprendió y molestó a cada gobierno y anunció el surgimiento de un nuevo elemento en la situación del mundo. Es importante no subvalorar la necesidad de construir ya el movimiento contra la guerra. En el caso de aquellos quienes se oponen a una nueva guerra de agresión contra Irán, el peor error sería dejar de hacer todo lo posible bajo el pretexto de que tal movimiento no puede tener éxito. Aunque no impidió la guerra, en vísperas de la invasión de Irak el movimiento contribuyó a crear una situación política que en los hechos colocó obstáculos prácticos a la máquina de guerra yanqui. Por ejemplo, Estados Unidos no pudo invadir a Irak desde norte como el sur. La oposición a la guerra en Turquía estaba tan fuerte que cualquier tentativa de llevar a cabo el plan original norteamericano pudiera haber desestabilizado al gobierno títere. Como resultado, muchos miles de soldados, vehículos blindados y demás, de Estados Unidos, que se habían desembarcado en Turquía tuvieron que volver a cargarse en barcos y aviones y se perdió mucho tiempo. La oposición a la guerra en otros países de la región, como Egipto, casi llegó a ser un factor material para impedir la invasión, porque esos barcos tuvieron que pasar por el canal de Suez. La oposición a la guerra en estos países era parte integral del movimiento mundial contra la guerra, que no habría tenido la misma fuerza sin ella. Si el gobierno de Saddam Hussein no se hubiera rendido tan rápidamente de cara al embate norteamericano y la guerra le hubiera salido de otra manera a Estados Unidos, el movimiento contra la guerra podría haber ido mucho más allá y jugado un papel mucho mayor. Es más, el movimiento mundial despertó a millones y millones de personas a la vida política en oposición a la política imperialista, un factor que todavía incide muchísimo en el mundo. La oposición a otra guerra no comenzaría desde cero sino en el contexto de estas nuevas condiciones. Si aquellos que se opongan a una nueva guerra de agresión no reconocen ambos aspectos de la situación contraria que confronta el imperialismo yanqui, tanto sus puntos fuertes como los débiles, podrían quedarse paralizados hasta que sea muy tarde. Amigos y enemigos Como las guerras en Afganistán e Irak son parte de la ofensiva mundial yanqui y comparten los mismos objetivos estratégicos, es posible combinar la oposición en su contra y fortalecerlo más a partir de avances y experiencias comunes. Por eso es muy importante examinar algunas debilidades que ya ha mostrado el movimiento contra la guerra y cómo podrían asumir nuevas formas. Unas fuerzas imperialistas se oponen a un ataque a Irak. Tal era el caso en cierta medida en Estados Unidos y en una medida mucho más amplia en la clase dominante británica, y en los partidos gobernantes de Francia, Alemania y otros países. Eso era un elemento importante que suscitó e impulsó el movimiento contra la guerra. Pero un análisis erróneo de esta situación también hizo mucho daño en el movimiento. En Inglaterra, por ejemplo, los líderes del Partido Demócrata Liberal, el tercero del país, eran oradores prominentes en las protestas. Pero el día en que la coalición angloyanqui invadió, decidieron apoyar la guerra bajo el pretexto de apoyar a los "muchachos" de Inglaterra, como Charles Kennedy, el entonces líder del partido, dijo. En Italia algunos partidos parlamentarios se opusieron a la guerra, pero refrenaron el desarrollo de un movimiento que podría haber roto los límites de la política convencional y tomado enérgicas acciones. Las protestas de brazos caídos en las vías del tren para parar los movimientos de la tropa dieron un ejemplo de lo que pudiera haber llegado a ser un fenómeno más extendido y fuerte. En ambos países, los gobiernos fueron a la guerra a pesar de la voluntad popular contraria, porque los partidos políticos tradicionales (y un temor a enajenarlos), entre otros factores, contribuyó a impedir el desarrollo de mayor combatividad popular. En los países oprimidos, sobre todo en los países mayoritariamente musulmanes, los fundamentalistas religiosos tenían la iniciativa y la dirección en general. Subordinaron la oposición a la guerra a sus agendas reaccionarias. En muchos casos, como en Pakistán, buscaron evitar una confrontación política con gobiernos con quienes tienen relaciones ambiguas o amistosas. Egipto da una idea de lo que pudiera haber pasado: las protestas muy significativas las dirigieron fuerzas laicas, y no la Hermandad Musulmana, a la cual comúnmente tolera el gobierno. Eso ocurrió en un momento en que las acciones yanquis ejercían grandes tensiones sobre todos los reaccionarios gobernantes de la región. En Irak, el factor principal a favor de la ocupación yanqui eran las fuerzas fundamentalistas, tanto los pilares del régimen títere como los que se oponen en cierta medida a él, lo que socava la unidad de los pueblos de Irak y del mundo contra los agresores imperialistas. Como la invasión yanqui a Irak llegó a ser una ocupación de larga duración, para que el movimiento contra la guerra siguiera desarrollándose, era necesario conocer, tomar en cuenta y explicar ampliamente la naturaleza de clase de estos fundamentalistas, de la mano de la naturaleza y los objetivos de la guerra yanqui y los intereses del pueblo en esta situación. (Eso no quiere decir que el movimiento pueda mantener el mismo ritmo indefinidamente, independientemente de la marcha de la guerra.) Desgraciadamente, muchas personas se dejaron llevar por la idea de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Por esa posición falsamente "práctica" no podían reconocer los hechos, y se perjudicó el movimiento contra la guerra. Esto asumió varias formas: apoyar a Saddam Hussein, o apoyar a fundamentalistas iraquíes como Moqtada Sadr quienes denunciaban a Estados Unidos mientras que apoyaban al gobierno títere y al clero más abiertamente pro-ocupación aliado con el régimen iraní. Algunas personas quienes se oponen a la dominación norteamericana de Irak han sido incapaces de reconocer la naturaleza reaccionaria de las fuerzas pro Al Qaeda. Como se vislumbra otra guerra, ya se ha detectado una tendencia a apoyar la República Islámica de Irán (RII) y a decir, erróneamente, que es antiimperialista. Puede que esta posición se oponga a la guerra, pero está lejos de tener un carácter internacionalista. En esencia, busca a amigos en las fuerzas al parecer más poderosas a costa de los intereses del pueblo de Irán. Pasa por alto un hecho básico que define la situación: si bien el objetivo inmediato yanqui es un cambio de gobierno, el objetivo global es subyugar a países y pueblos. Apoyar a la RII va contra la lucha del pueblo de Irán por su liberación. Va contra las mujeres de Irán, la mitad de la población, a quienes ha reprimido un régimen teocrático más de 25 años, y a la lucha de los kurdos, baluchíes y otras minorías quienes han sido víctimas del chovinismo de la nacionalidad dominante del régimen y su sectarismo religioso. Quiere decir apoyar la represión bajo el pretexto de la unidad contra "fuerzas extranjeras." Es sumamente importante unir la más amplia gama que sea posible de fuerzas en un movimiento contra la guerra, pero no se puede dejar que determinen los términos y límites del movimiento los reaccionarios, como aquellos que se oponen a una guerra particular a un momento determinado. En esta conexión, la emancipación de las mujeres es una piedra de toque. La opresión de las mujeres, piedra de toque para distinguir entre amigos y enemigos Durante la marcha organizada por la Campaña por la Abolición de Toda la Legislación y Leyes Misóginas, Punitivas y Basadas en el Género en Irán que culminó en La Haya el 8 de marzo, se debatió ampliamente qué actitud asumir hacia el régimen iraní, sobre todo en Alemania. Muchas organizaciones europeas no apoyaron la campaña contra la opresión de las mujeres por la RII porque sostenían que eso ayudaría a Estados Unidos en sus planes de invasión. Es cierto que el imperialismo yanqui es el enemigo principal y sus amenazas representan el peligro principal. Pero no es correcto decir que se deben unirse con el régimen iraní mientras que exista el peligro de una invasión norteamericana. Eso quiere decir sacrificar los derechos e intereses de las masas, inclusive las mujeres, la mitad de Irán, por la causa de una unidad falsa con "amigos" en el poder (de nuevo, con la idea esa de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo") quienes, al parecer, muy falsamente, como hemos visto con Saddam Hussein, se oponen a Estados Unidos. En lugar de aceptar o encubrir la naturaleza anti-mujer del régimen iraní bajo el pretexto de una supuesta unidad antiyanqui, sería mucho mejor desenmascarar el infierno que las invasiones norteamericanas han llevado a las mujeres de Afganistán e Irak, y demostrar el carácter anti-mujer extremo del régimen de Bush en general. ¿Qué corresponde más a los intereses de las masas del mundo: unirse con unos mullahs en el poder o trabajar por unir a las mujeres del mundo y a todos aquellos que se oponen a su opresión? Los comunistas en Irán tienen una experiencia amarga con el problema de confundir amigos y enemigos. En las tácticas que adoptaron durante el levantamiento contra el cha en 1979, dejaron de velar por los intereses independientes de las masas. Cuando se derrocó al cha, el nuevo régimen islámico no tardó en masacrar a decenas de miles de personas, entre ellas miles de comunistas, y metió a la cárcel a muchos más a fin de imponer su dominio, reprimir al movimiento kurdo por la autodeterminación y someter a las mujeres a una opresión medieval. ¿Cómo era posible que los comunistas iraníes, quienes no prestaron suficiente importancia a su lucha independiente y no siguieron su camino independiente a la revolución, volvieran a cometer el mismo error y llevara a las masas a colocar el cuello debajo de las cuchillas de esos mismos carniceros? La posición despistada y hasta suicida que algunas personas objetiva, si no siempre conscientemente, quieren imponer sobre los oprimidos en Irán ya se ha ensayado y ya ha fracasado en muchísimos lugares. En un debate en la marcha del 8 de marzo que ardió en el portal ZNet antes y después de esa fecha, una oradora de la marcha, Radha D'Souza, escribió que el boicot de esa marcha por algunas organizaciones europeas y personalidades opuestas a la guerra "trae a colación un asunto de gran importancia que va al meollo de las luchas contra el imperialismo, un asunto de importancia considerable en la política contemporánea de la resistencia por todas partes" (9 de abril). El argumento de que de cara a la amenaza de otra invasión angloyanqui, no es correcto oponerse a la RII, dijo ella, "invierte el bushismo entre amigos y enemigos. Efectivamente, su argumento es 'si no estamos con ustedes, por eso estamos con ellos'. Tal posición deja sólo dos opciones: o tomar partido con una dictadura islámica o con un una dictadura militar estadounidense. La única 'opción' ante las masas de Irán es 'elegir' quiénes deben ser sus opresores. Eso quiere decir que la libertad no es una opción en absoluto". Eso ciertamente no quiere decir que no exista el peligro de unirse con la clase dominante yanqui. Algunas personas efectivamente apoyan la acción militar yanqui bajo el pretexto de ideales progresistas, mientras que otras mantienen un silencio cauto y se niegan a oponerse activamente a tal agresión. Aunque apoyar la invasión yanqui de Irak bajo el pretexto de la liberación de las mujeres de ese país era una tendencia menor, era una corriente mucho más poderosa durante la invasión norteamericana de Afganistán. El gobierno religioso extremo y la opresión extrema de las mujeres en Afganistán hicieron que pensaran algunos ateos y opositores de los fundamentalistas como algunas organizaciones de la mujer y un sector de la población de Afganistán y de otros países que era positivo el derrocamiento del Talibán a manos del régimen de Bush. Eso también podría ocurrir en el caso de Irán. Lo que tiene de erróneo este argumento es que el imperialismo yanqui no se propone liberar a las masas de Irán ni de ningún país. Hará todo lo que pueda para impedir que las masas se libren de la dominación imperialista y de las relaciones sociales y económicas atrasadas. Después de todo, el mayor sometimiento de las masas del mundo al capital monopolista yanqui es el objetivo fundamental del régimen de Bush. Los iraníes pueden ver que la vida de la cual quieren escapar se ha establecido como la base social de los gobiernos de la ocupación yanqui en Irak y Afganistán. Algunas personas de las minorías nacionales de Irán, sobre todo del Kurdistán, sueñan con jugar un papel tal como el de Jalal Talabani y Massoud Barzani en Irak. Unos sectores de la organización kurda Komela y del Partido Democrático del Kurdistán iraní juegan a este juego. Sus jefes Abdolah Mohtada y Mostafa Hejri, con algunos azeríes escogidos por las autoridades norteamericanas, asisten a reuniones en Estados Unidos. También hay fuerzas que sueñan con el poder nacional y con trabajos de sirvientes norteamericanos para alcanzar sus sueños. Abarcan los monarquistas en torno a Reza Pahlavi (el hijo del difunto cha), la Organización de los Mujaidines (un grupo de oposición iraní a que de vez en cuando favorece Estados Unidos) y un sector de aquellos quienes pueden estar o por lo menos estaban muy cerca del actual régimen, como Hussein Jomeini, el nieto del difunto ayatola Jomeini. Hace poco por la televisora Al-Arabiya, Hussein Jomeini dijo: "La libertad debe llegar a Irán por cualquier medio posible, sea por medio de sucesos internos o externos. Si usted es preso, ¿qué haría?" Y hay activistas en el movimiento de la mujer de Irán quienes sostienen que sin apoyarse en Estados Unidos, es imposible liberar a Irán. Aunque estos puntos de vista los comparten un sector comparativamente pequeño de la población, tienen más influencia porque Estados Unidos los amplifica y los apoya. Para construir el muy necesario movimiento para oponerse a la agresión imperialista en Irán, se necesita argumentar contra estas dos desviaciones potenciales. El pueblo no tiene que apoyarse en Estados Unidos para liberarse del mismo y para oponerse a una intervención, no tiene que apoyar a la RII. En Irán sólo un movimiento que se oponga a estas ideas equivocadas y se apoye en las masas tiene el potencial de unir a las masas del país y de granjearse el apoyo y solidaridad de las masas del mundo. Por difícil que sea asumir esta posición, lo demás es ilusión. Lo mismo se puede decir a nivel mundial: se necesita tener una posición verdaderamente internacionalista que apoye todas las luchas de los pueblos del mundo contra el imperialismo y el dominio reaccionario para unir a todos los que se puede unir, crear el movimiento más fuerte y más sostenido posible y evitar las trampas políticas mortales cuyas mandíbulas se abrirán más y más. Un movimiento de esta clase es el más indicado para impedir una guerra, en vista del desenvolvimiento de otras contradicciones, y puede dar las mayores posibilidades para el avance de la lucha revolucionaria si los imperialistas cometen el horroroso crimen de otra guerra. |
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