

Presentamos el comunicado “Sentidos saludos a la segunda delegación y a las masas de todos los países”, de Chandra Prakash Gajurel (camarada Gaurav). Las autoridades indias tienen preso en la cárcel central de Chennai (antes Madras) a este alto líder del Buró Político del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), desde agosto de 2003, cuando lo detuvieron por una leve infracción migratoria. Escribió este comunicado, fechado el 10 de marzo, con motivo de la llegada a India de los integrantes europeos de la 2ª Delegación Internacional al Sur de Asia organizada por el Movimiento de Resistencia de los Pueblos del Mundo (Europa y Sur de Asia). Las autoridades no permitieron que la delegación lo viera. (Vea el artículo acompañante.)
Primero, quisiera enviarles mis más sentidos saludos. Esperamos muy atentos su llegada y nos alegra muchísimo que ya hayan llegado. Quisiera expresar por conducto de ustedes mi sentido agradecimiento a todos los que trabajaron duramente en las campañas por salvaguardar mi vida y por mi libertad. Sus importantes labores no se limitan a ningún individuo específico. Manifestaron la solidaridad con la histórica guerra popular de Nepal. Al entrar la revolución a la etapa final de la toma del poder nacional, en los días por venir será importante intensificar y aumentar muchas veces más la solidaridad y apoyo. El curso de los acontecimientos políticos dio un nuevo viraje con el golpe de Estado militar del rey Gyanendra del 1º de febrero de 2005. Al copiar el golpe de Estado de su padre Mahendra de 1960, el actual rey impuso una dictadura militar y pisoteó y secuestró los logros que el pueblo ganó en el movimiento de 1960. Es muy normal que este golpe de Estado suscite un amplio y fuerte rechazo.
Nuestro glorioso partido, el Partido Comunista de Nepal (Maoísta), que ha dirigido la monumental revolución del pueblo durante los últimos diez años, denunció el golpe de Estado con duras palabras, rechazó el diálogo que posteriormente el gobierno monárquico-militar propuso y llamó a todos los que se oponen a la autocracia feudal a formar un amplio frente y a crear una tormenta nacional de rebelión. Nuestro partido ha intensificado la lucha general con un apoyo popular sin precedente: planteamos las mismas demandas que antes y agregamos la demanda inmediata y oportuna de “abolir la monarquía autocrática”, que allanará el camino hacia el derrocamiento del gobierno y abrirá el camino a la victoria nacional de la revolución del pueblo.
Los cinco principales partidos políticos parlamentarios de Nepal han lanzado un comunicado conjunto que dice que “el golpe real ha secuestrado los derechos del pueblo e impuesto un gobierno autoritario en el país” y demanda “que se retire de inmediato el decreto real, que se suspenda el estado de emergencia, que se restauren los derechos del pueblo y que suelte todos los presos políticos y periodistas”. También anunciaron una renovada agitación a favor de las demandas.
El golpe de Estado llamó la atención de los que antes apoyaban la “monarquía constitucional”. Se agudizó la polarización política en Nepal. Casi todos los jóvenes de los partidos políticos y la abrumadora mayoría de las masas se unieron en pro de la “abolición de la monarquía” y de una “asamblea constituyente”. La situación es favorable y confirma la posición de nuestro partido. La realidad objetiva llamará la atención no sólo de los líderes de la vieja guardia de los partidos políticos de Nepal sino también de los gobiernos de otros países que todavía sostienen que la monarquía es indispensable en Nepal.
Los partidos políticos parlamentarios de India se han opuesto abiertamente el golpe de Estado real. Se solidarizaron con el movimiento por la restauración de la democracia en Nepal. Los máximos líderes de al menos 17 de esos partidos, entre ellos, algunos integrantes del Gobierno de Alianza Progresista Unida, declararon en una convención en Nueva Delhi su apoyo y solidaridad con el movimiento democrático nepalés. Aprobaron una resolución unánime que pide que el gobierno central indio no reconozca al gobierno de Gyanendra. Es un paso positivo, que pocas veces se ha dado en el pasado.
Es una señal de rechazo al golpe de Estado real. Algunos gobiernos que surtían cantidades de armas al Ejército Real de Nepal (ERN) y grandes donantes anunciaron la suspensión de envíos de armas y ayuda. Quisieran obligar al gobierno monárquico-militar a suspender el estado de emergencia y a soltar a los detenidos. Pero eso es solamente la punta del iceberg. Cualquier tentativa de regatear un compromiso que deje intacta la monarquía será un retroceso. En lo fundamental, ya es hora de terminar con la monarquía. Solamente una república popular puede solucionar los actuales problemas de Nepal, hecho ampliamente aceptado. Por ende, la “abolición de la monarquía” y la “asamblea constituyente” son consignas comunes importantes, que reflejan las aspiraciones del pueblo nepalés.
Ha quedado al desnudo la verdadera naturaleza de la “monarquía constitucional”, y la abrumadora mayoría del pueblo indio está a favor de tumbar la monarquía. Los defensores de “la monarquía como uno de dos pilares de estabilidad en Nepal” ahora buscan un Nepal sin rey.
La monarquía nepalesa padece una crisis sin precedente. El histórico pueblo nepalés libra la última batalla contra dos siglos y medio de monarquía. El Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno monárquico-militar, que admitió claramente la derrota en una controvertida entrevista difundida por el canal de televisión del gobierno el 1º de marzo (un mes después del golpe de Estado), dijo: “El mundo tiene que decidir entre apoyar al monarca. . . o permitir que los ‘comunistas’ se apoderen de Nepal”. Huelga decir que se ha iniciado la cuenta regresiva de la monarquía. No obstante, la historia enseña que ningún gobernante dejará el poder voluntariamente; es necesario empujarlo y tumbarlo. El pueblo de Nepal y los pueblos del mundo esperan con ganas ese momento, que se vislumbra muy cerca.
En este instante crítico de la historia, quisiera llamar solemnemente a todas las fuerzas políticas y masas de todos los países a solidarizarse con la revolución del pueblo y con las masas revolucionarias de Nepal y a contribuir lo más que puedan.